¿Cómo puedo saber cuál es la verdad?
A principios de la década de 1800, cuando José Smith tenía catorce años, él quería elegir una iglesia a la cual unirse. Desde que tomó la decisión en serio, asistió a avivamientos y visitó iglesias en el área de Nueva Inglaterra de los Estados Unidos. Sin embargo, esto sólo sirvió para confundirlo aún más. Cada iglesia afirmaba tener la verdad y, sin embargo, todas ellas enseñaban doctrinas opuestas. Acudió a la Biblia en busca de ayuda, donde leyó un pasaje bíblico que le enseñó qué hacer. Lo encontró en el libro de Santiago, que se cree ha sido escrito por el medio hermano del Salvador:
“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”.
“Pero pida con fe, no dudando nada” (Santiago 1: 5-6).
José fue al bosque y oró para saber qué iglesia era verdadera y recibió una visita personal, en una visión, de Dios y Jesucristo. Con el tiempo, se le guiaría por el proceso de restauración del Evangelio de Jesucristo, que se había perdido debido a la apostasía.
Hoy en día, millones de personas pertenecen a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Cada día, miles de personas más en todo el mundo se preguntan: “¿Cómo puedo saber cuál es la verdad? ¿Cómo decidir, entre las miles de iglesias en la tierra, a cuál unirme?” Con el tiempo, muchas de ellas eligen el mismo método que el joven José Smith eligió y el elegido por los mormones en todo el mundo, ya que fue enseñado por profetas y apóstoles en la Biblia. Ellos van a Dios, la única fuente segura de la verdad y le preguntan a qué iglesia unirse.
La mayoría de nosotros, naturalmente, no recibirá una visita personal de Dios o de Jesús, ya que no estamos siendo preparados para llegar a ser profetas, pero podemos recibir un testimonio personal del Espíritu Santo sobre cuál es la verdad. Dios nos envió aquí a la tierra para vivir con fe. Depende de cada persona el embarcarse en un viaje para encontrar a Dios y a Jesucristo y aprender cuál iglesia es la verdadera. Este es un viaje eternamente significativo y por ello, Dios nunca nos enviará en él sin ayuda.
Cuando esté buscando la verdad, empiece, como usted empieza cada búsqueda importante, con oración. Mientras inicie la búsqueda de la verdad, querrá estar seguro de contar con la ayuda de Dios. Pídale que guíe su viaje, que le guíe a donde Él quiera que vaya y le ayude a reconocer la verdad y la falsedad donde sea que la encuentre. Si todavía no tiene una relación con Dios o no tiene experiencia en recibir respuestas no materiales a la oración, necesitará empezar a aprender a orar. Cuanto más a menudo hable con Dios, más fácil será reconocer cómo se comunica con usted. Cuanto más a menudo vuelva a él para obtener respuestas y ayuda, más aprenderá a confiar en Él.
Una iglesia que es verdadera no tiene nada que temer de alentar a los investigadores a orar para saber cuál es la verdad. El Libro de Mormón es a menudo el punto de partida para las personas que quieren aprender todo lo que son los mormones. Al final del libro, los lectores descubren una invitación a orar para saber si el libro es verdadero.
“Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo”.
“y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas”. (Moroni 10)
Hay algunos que tratan de convencer a la gente que no debe orar acerca del Libro de Mormón (o cualquier otra información religiosa para la que necesiten la confirmación celestial). Afirman que el peticionario no puede saber quién estuvo respondiendo a la oración. Por supuesto, la Escritura que José Smith encontró dice lo contrario. Esta promete que Dios nos dará sabiduría y conocimiento, si los pedimos. Los mormones creen que Dios puede hacer cualquier cosa, así que ellos confían que Él puede responder sus oraciones de manera que ellos puedan reconocer que las respuestas vienen de Él. Asimismo, entienden que simplemente no hay otra fuente de verdad, sino Dios.
“Cuando buscamos inspiración para ayudar a tomar decisiones, el Señor nos da impulsos suaves. Estos nos obligan a pensar, a ejercer la fe, a trabajar, a luchar a veces, y a actuar. Pocas veces toda la respuesta a una cuestión de importancia decisiva o problema complejo viene toda a la vez. Más frecuentemente, se trata de una pieza a la vez, sin apreciar aún el final”. (Véase Richard G. Scott, “Aprendiendo a reconocer las respuestas a la oración”, Ensign-revista SUD en inglés, noviembre de 1989, 30)
A los mormones se les enseña que la oración no es una actividad pasiva. Cuando queremos ayuda de Dios, Él, como cualquier buen padre, espera que nosotros hagamos todo lo que podamos por nosotros mismos, buscando Su confirmación de nuestras decisiones a medida que avanzamos. Como nos dice el élder Scott, esta es una decisión importante. Cuanta más crítica sea la decisión, más tiempo tomará recibir una respuesta completa. Muchos de los que oran para saber si los mormones tienen la verdad descubren que primero deben orar por las porciones individuales del evangelio. Después de un tiempo, cuando tienen la confirmación sobre varios aspectos esenciales, podrían recibir una confirmación total de su pregunta. Incluso algunos de los que llegaron a convertirse en profetas encontraron que les tomó muchos años de oración, una vida recta y el deseo de recibir sus respuestas.
David O. McKay, quien se convirtió en un profeta, escribió abiertamente de su experiencia al orar pidiendo un testimonio cuando era un joven:
“Ninguna manifestación espiritual ha venido a mí. Si soy fiel a mí mismo, debo decir que soy el mismo “chico antiguo” que era antes de orar”. Fue años más tarde, mientras estaba sobre su misión en Escocia, que la respuesta a esa oración finalmente llegó. Él dijo: “Nunca antes había experimentado tal emoción. … Fue una manifestación por la cual en mi dudosa juventud había orado en secreto fervientemente en las colinas y en las praderas. Es una seguridad para mí que la oración sincera es respondida ‘en algún momento, en algún lugar”. (Véase Robert D. Hales, “Cómo puedes saber”, New Era-revista Sud para la juventud, en inglés, agosto de 2002, 40.)
Es para nuestro propio beneficio que el testimonio a menudo venga lentamente. Hay mucho que aprender y es más fácil para nosotros si lo tomamos poco a poco, ganando un testimonio seguro de los diversos aspectos del Evangelio, línea sobre línea y luego recibiendo el testimonio completo. Los investigadores que indagan sobre los mormones con frecuencia comienzan con el Libro de Mormón y José Smith. Una vez que tienen un testimonio de estas cosas, y lo combinan con su testimonio existente de Jesucristo, son capaces de comprender mejor otros aspectos del evangelio.
Si una parte del evangelio, tal vez un mandamiento, es incierto para usted, la mejor manera de saber si es cierto es vivirlo. A los mormones se les enseñan a menudo que no se pueden sentir bien mientras no hagan lo correcto. Mientras se abstienen de café o viven normas morales enseñadas por la iglesia, los investigadores pueden observar el impacto sobre sus propias vidas. Si ellos se sienten más cerca de Dios, si sienten la presencia del Espíritu Santo que los guía y generalmente si sienten más paz, entonces pueden llevar esto a Dios para la confirmación de que están viviendo bien, pero tienen un punto de partida de un testimonio personal en términos de cómo se sienten sobre su nuevo estilo de vida.
Sin embargo, finalmente el primer paso y el paso final es siempre la oración. A medida que nos arrodillamos y compartimos con Dios lo que hemos aprendido, lo que hemos hecho y lo que hemos decidido, podemos esperar tranquilamente la confirmación de la verdad. Se puede requerir permanecer de rodillas durante horas. Puede ser necesario volver por muchos días o incluso continuar nuestras oraciones a lo largo de semanas, meses o años. Sin embargo, durante este proceso donde poco a poco sentimos la confirmación del espíritu si estamos abiertos sinceramente a conocer la verdad y no meramente exigiendo que Dios nos responda de la manera que queremos que nos responda.
Los testimonios vienen de diferentes formas. Algunas personas nunca han orado y por lo tanto, no tienen idea de si existe un Dios. A veces una primera oración consiste simplemente de las palabras: “¿Hay alguien ahí? Si es así, ¿puede manifestarse a mí de alguna manera?” Algunos describen la respuesta a una simple solicitud dirigida a la deidad como una sensación de ardor caliente en sus corazones. Otros se refieren a una apacible y pequeña voz. La respuesta va siempre acompañada por una sensación de paz y bienestar. Conforme pasa el tiempo y aprende línea sobre línea acerca de los principios del Evangelio y lo que el Señor espera de usted, a medida que ora, aprenderá que las respuestas se sienten como para usted. Una solicitud sincera acompañada de fe en que Dios contestará, siempre nos conducirá a la verdad.