¿Por qué a veces los profetas no están de acuerdo entre sí?

Una respuesta personal de Gerald

El papel de profeta es llamar a la gente al arrepentimiento y a tener fe en Jesucristo. Parte de esta responsabilidad es recibir ocasionalmente nueva revelación de Dios y transmitir los nuevos mandamientos y las enseñanzas a la gente.

Cada profeta tiende a tener un enfoque específico. Noé fue advertido sobre el diluvio. Moisés dio la ley. Isaías fue llamado a llamar a las naciones a arrepentirse. Ezequiel explicó a Israel que Jehová era todavía su Dios, incluso en su exilio en Babilonia. Cada profeta tiende a tener una dispensación especial de responsabilidades específicas de liderar y guiar a la gente de su tiempo y lugar.

Hoy no es diferente. José Smith necesitó restaurar muchas cosas preciosas perdidas, y así recibió muchas revelaciones. Brigham Young tuvo que llevar al oeste a los Santos y lograr dominar el desierto occidental. Hoy en día, Thomas S. Monson recibe la inspiración para dirigir una iglesia internacional, para velar porque todos los miembros tengan acceso a un templo, y se preparen para los tiempos difíciles que vendrán. Cada dispensación profética se centra en las necesidades actuales y futuras de la Iglesia y la gente, recibiendo a menudo una mayor iluminación sobre la revelación anterior (véase Doctrina y Convenios 138 para un ejemplo).

Todos los profetas y apóstoles caminan por fe (2 Corintios 5:7) igual que a todos se nos requiere. Con Pablo, ellos a veces ven “por espejo, oscuramente” (1 Corintios 13:12). Dios revela el conocimiento a ellos cuando lo necesitan y buscan.

Los profetas son humanos y falibles. Los profetas no lo saben todo. No todo el conocimiento les ha sido revelado a ellos, sino sólo la parte que Dios escoge compartir con ellos.

En ocasiones, Dios hará cambios en la estructura y las instrucciones de la religión. Antes de que Pedro recibiera la orden de llevar el evangelio a Cornelio, sólo se podía enseñar a los judíos. Jesús cumplió y sustituyó la Ley de Moisés, que fue llamada un “pacto eterno” por Moisés.

En ocasiones, los profetas y los apóstoles no estarán de acuerdo, debido a las percepciones personales. Dos personas pueden ver el mismo acontecimiento y percibirlo de forma diferente. Al explicar la Visión del Árbol de la Vida, Nefi (un profeta del Libro de Mormón) dijo que su padre, Lehí, no se dio cuenta que el río estaba sucio, porque estaba concentrado en otras cosas (1 Nefi 15:27).

Los profetas siempre están de acuerdo en los principios fundamentales y los preceptos que han sido claramente revelados por Dios. Como con el resto de nosotros, tratan de entender más, usando la lógica y la razón para comprender las cosas aún no reveladas por Dios.

En ocasiones esto causará que los profetas y apóstoles no estén de acuerdo.

Por ejemplo, nuestros líderes son a menudo políticamente diferentes. Políticamente, algunos se centran en los conceptos de responsabilidad personal y la libertad, y elegirán un partido que concuerde con su pensamiento. Otros pueden centrarse en la necesidad de cuidar de los pobres y el sufrimiento, y elegir un partido político diferente a seguir. Sin embargo, cuando se llega a los principios y las doctrinas fundamentales, ellos están firmemente unidos.

Es importante centrarse en lo que nos une, no en lo que nos divide. Los primeros líderes cristianos a menudo estaban divididos, por lo general con Pablo en el centro de la controversia (Gálatas 2:11). Esta división dañó a la Iglesia antigua y puede dañar a la Iglesia de hoy si se permite que ocurra. Vemos una Primera Presidencia y los Doce Apóstoles de hoy fuertemente unidos, porque se centran en las doctrinas que los unen, y no en sus puntos de vista personales que pueden dividirlos. Jesús enseñó: “Si no sois uno, no sois míos” (Doctrina y Convenios 38:27, Juan 17:21), y los apóstoles vivientes se esfuerzan por ser uno como Jesús mandó.

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