¿Por qué los mormones no bautizan a los niños pequeños?
Los mormones se bautizan a la edad de ocho años y más, porque esta es la edad en que los niños pueden entender la diferencia entre el bien y el mal, deciden optar por uno u otro, y comprenden el concepto de arrepentimiento. Los mormones llaman a esto “la edad de la responsabilidad”. Hasta que los niños tengan ocho años de edad, sus padres son responsables de su comportamiento. Los niños pequeños nacen inocentes. La expiación de Jesucristo cubrió el pecado de Adán, y por lo tanto, no hay “pecado original”. Los niños (y adultos que nunca alcanzan la responsabilidad debido al retraso mental) que mueren antes de los ocho años son salvos y exaltados al nivel más alto de los cielos, llamado el Reino Celestial. Los mormones llaman a esto ser “salvo en la inocencia”.
En el Libro de Mormón, se lee:
“Y la palabra del Señor vino a mí por el poder del Espíritu Santo, diciendo: Escucha las palabras de Cristo, tu Redentor, tu Señor y tu Dios: He aquí, vine al mundo no para llamar a los justos al arrepentimiento, sino a los pecadores; los sanos no necesitan de médico sino los que están enfermos; por tanto, los niños pequeños son sanos, porque son incapaces de cometer pecado; por tanto, la maldición de Adán les es quitada en mí, de modo que no tiene poder sobre ellos; y la ley de la circuncisión se ha abrogado en mí.
“Y de esta manera me manifestó el Espíritu Santo la palabra de Dios; por tanto, amado hijo mío, sé que es una solemne burla ante Dios que bauticéis a los niños pequeños. He aquí, te digo que esto enseñarás: El arrepentimiento y el bautismo a los que son responsables y capaces de cometer pecado; sí, enseña a los padres que deben arrepentirse y ser bautizados, y humillarse como sus niños pequeños, y se salvarán todos ellos con sus pequeñitos.
“Y sus niños pequeños no necesitan el arrepentimiento, ni tampoco el bautismo. He aquí, el bautismo es para arrepentimiento a fin de cumplir los mandamientos para la remisión de pecados. Mas los niños pequeños viven en Cristo, aun desde la fundación del mundo; de no ser así, Dios es un Dios parcial, y también un Dios variable que hace acepción de personas; porque ¡cuántos son los pequeñitos que han muerto sin el bautismo!
“De modo que si los niños pequeños no pudieran salvarse sin ser bautizados, éstos habrían ido a un infierno sin fin. He aquí, te digo que el que supone que los niños pequeños tienen necesidad del bautismo se halla en la hiel de la amargura y en las cadenas de la iniquidad, porque no tiene afe, ni esperanza, ni caridad; por tanto, si fuere talado mientras tenga tal pensamiento, tendrá que bajar al infierno.
“Porque terrible es la iniquidad de suponer que Dios salva a un niño a causa del bautismo, mientras que otro debe perecer porque no tuvo bautismo. ¡Ay de aquellos que perviertan de esta manera las vías del Señor!, porque perecerán, salvo que se arrepientan. He aquí, hablo con valentía, porque tengo autoridad de Dios; y no temo lo que el hombre haga, porque el amor perfecto desecha todo temor.
“Y me siento lleno de caridad, que es amor eterno; por tanto, todos los niños son iguales ante mí; por tanto, amo a los niños pequeñitos con un amor perfecto; y son todos iguales y participan de la salvación. Porque yo sé que Dios no es un Dios parcial, ni un ser variable; sino que es inmutable de eternidad en eternidad. Los niños pequeños no pueden arrepentirse; por consiguiente, es una terrible iniquidad negarles las misericordias puras de Dios, porque todos viven en él por motivo de su misericordia. Y el que diga que los niños pequeños necesitan el bautismo niega las misericordias de Cristo y desprecia su expiación y el poder de su redención”. (Moroni 8:7-20).
El profeta José Smith dio habló más respecto a los niños que mueren antes de que sean responsables. Dijo que resucitarán a la edad que tenían cuando murieron, y que sus desoladas madres podrán criarlos en el cielo hasta la edad adulta. Esto suena como una doctrina extraña, pero el cielo es para el reencuentro de seres queridos y la curación de las heridas. Para cualquier madre que ha perdido a un hijo, esta doctrina ofrece más esperanza y curación que cualquier otra.