¿Por qué los mormones se bautizan por los muertos?
Para comprender la doctrina del bautismo por los muertos, uno primero debe comprender que los muertos están bien vivos. Al momento de la muerte, un espíritu se separa de su cuerpo mortal. El cuerpo mortal regresa a la tierra, pero el espíritu continúa viviendo y viaja al “Mundo de los Espíritus”. El Mundo de los Espíritus comprende dos sectores principales, el Paraíso Espiritual y la Prisión Espiritual. El Paraíso Espiritual es la morada temporal de los justos. La Prisión Espiritual es la morada temporal de los inicuos, quienes sufren allí por un tiempo por sus propios pecados. Los espíritus se quedan en el Mundo de los Espíritus para esperar la resurrección y el juicio. Los espíritus que se arrepienten en la Prisión Espiritual pueden progresar hasta pasar al Paraíso Espiritual.
Los espíritus que están en el Mundo de los Espíritus tienen las mismas personalidades, creencias y deseos que tuvieron durante sus vidas mortales. Tienen total capacidad para elegir y progresar. Millones y millones de estas personas no han escuchado nunca el Evangelio de Jesucristo y otros millones nunca lo comprendieron durante su paso mortal por la tierra.
Finalmente, estos espíritus resucitarán y proseguirán al momento del juicio de Dios. Dios sólo puede ser justo, si Él nos juzga de acuerdo a nuestro conocimiento. Una persona que nunca ha oído del evangelio no puede ser contada como responsable por su falta de conocimiento. Es imposible pecar a menos que uno tenga un conocimiento de las leyes de Dios. Por esta razón, el evangelio es predicado a los muertos en el Mundo Espiritual. El Profeta Joseph F. Smith tuvo una visión del Mundo Espiritual. (Pulse aquí para leerla). Él vio que Jesucristo visitó el Mundo de los Espíritus durante los tres días que Él estuvo en la tumba. Cristo llamó a “misioneros” de entre los muertos, inclusive a muchos profetas que habían fallecido, para que enseñaran a los espíritus en prisión. Estos espíritus entonces podían aceptar o rechazar el evangelio según les fuera presentado y luego escoger arrepentirse o no. Sin embargo, los espíritus no pueden realizar ordenanzas que sólo las pueden realizar seres corpóreos. Por ejemplo, un espíritu no puede ser bautizado. Por esta razón, en los templos mormones, nosotros realizamos bautismos por los muertos. Los muertos pueden entonces aceptar o rechazar la ordenanza.
El bautismo por los muertos se practicaba en la antigüedad, según consta en la Biblia:
“De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?” (1 Corintios 15:29)?
El bautismo por los muertos no podía ocurrir hasta que Cristo lo iniciara después de Su crucifixión. Sin embargo, se anunciaba ya en los tiempos antiguos, cuando los israelitas practicaban el yizkor, ceremonias y oraciones por la intervención en favor de los muertos. Ciertamente, en principio, ayudaba a justificar los primeros papas, ya que vendían “indulgencias”, certificados de salvación para los ancestros fallecidos.
Los mormones practican el bautismo por los muertos sólo en templos sagrados. El baptisterio de cada templo tiene una pila siguiendo el modelo de la que se encuentra en el Templo de Salomón, una gran fuente sobre los lomos de doce bueyes. Uno debe tener una “recomendación para el templo” que certifique dignidad para participar en las ordenanzas del templo, pero el baptisterio está separado de otras partes del templo, y los jóvenes de la Iglesia de 12 años de edad y mayores puede obtener una recomendación especial sólo para hacer bautismos por los muertos.
Los mormones están plenamente comprometidos en la obra de la historia familiar (la Biblioteca de Genealogía de la ciudad de Lago Salado es la más grande del mundo) para descubrir a sus ancestros. La finalidad de la obra por los muertos es realizar la obra por los antepasados propios. Los mormones que eligen ser bautizados por personas famosas, víctimas del Holocausto, o cualquier otro fallecido, que no estén relacionados con ellos no están siguiendo los mandatos de la Iglesia. Sin embargo, los amigos de otras creencias que descubren que se ha realizado la obra por sus seres queridos no necesitan sentirse ofendidos, ya que la persona fallecida tiene completo albedrío de aceptar o rechazar las ordenanzas.