¿Por qué no tienen las Planchas de Oro?

Respuesta personal de Jarron.

¿Acaso esto no muestra que el mormonismo es un fraude? Si José Smith realmente tradujo el Libro de Mormón proveniente de un registro antiguo grabado en planchas de metal, ¿dónde están y por qué no las puedo ver? Si me las mostraras, entonces creería en el Libro de Mormón.

Casi al final del Sermón de Jesús en el Monte, Él dijo: “Y guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”. Luego, como para responder a la pregunta no hecha de cómo se puede distinguir entre verdaderos y falsos profetas, Él les dio la siguiente metáfora:

“Por sus frutos los conoceréis. ¿Se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, mas el árbol malo da malos frutos. No puede el árbol bueno dar malos frutos, ni el árbol malo dar buenos frutos. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis”. (Mateo 7:16-20)

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días afirman que el Libro de Mormón: Otro Testamento de Jesucristo es fruto del profeta José Smith, quién tradujo el libro de planchas de aleación de oro. Pero el Libro de Mormón no es el único fruto de José Smith. Otros frutos incluyen los profetas y apóstoles de los últimos días que nos enseñan lo que Dios quiere que nosotros sepamos en nuestros días, la autoridad para presidir y administrar las ordenanzas sagradas (el sacerdocio) y el conocimiento de la naturaleza eterna de las familias. El éxito de la iglesia, la vida sana de sus miembros y la presencia de todos los dones del Espíritu son también frutos.

Sin embargo, el Libro de Mormón no es sólo uno de los frutos de José Smith, sino la piedra angular o el “elemento de apoyo” de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (James E. Faust, “la piedra angular de nuestra religión,” Liahona, enero de 2004, 2-6). Por lo tanto, usamos el Libro de Mormón como norma para ver si es una evidencia o no.

“probando al mundo que las Santas Escrituras son verdaderas, y que Dios inspira a los hombres y los llama a su santa obra en esta edad y generación, así como en las antiguas; demostrando por este medio que él es el mismo Dios ayer, hoy y para siempre. Amén.” (Doctrina y Convenios 20:11-12)

Por ello, los miembros de la iglesia afirman que ya que el buen fruto no proviene de un árbol malo, al leer, meditar y orar sobre la veracidad del Libro de Mormón una persona llegará para saber que José Smith es un profeta de Dios.

Pero ¿Qué pasa con las planchas de oro? ¿Acaso el hecho de que la Iglesia no cuente con ellas puede demostrar que toda la historia de José Smith es un fraude?

Bueno, esa es una buena pregunta y necesitamos más información para poder responder con precisión.

Cuando José Smith había terminado la obra que Dios quiso que él hiciera con las planchas de oro, incluyendo la traducción del Libro de Mormón, el ángel Moroni visitó a José Smith. José dijo sobre la ocasión: “Le entregué [las planchas de oro] y él las tiene a su cargo” (Historia de la Iglesia 1:18-19).

Sin embargo, Smith no fue el único que vio las planchas de oro. Finalmente se le mandó a mostrárselas a tres testigos: Oliver Cowdery, David whitmer, y Martin Harris. Estos hombres vieron las planchas, a un ángel y escucharon la voz de Dios que les mandó que dieran testimonio de lo que habían visto. Ellos lo hicieron. Aquí hay un extracto del Testimonio de los Tres Testigos:

“Y declaramos con palabras solemnes que un ángel de Dios bajó del cielo, y que trajo las planchas y las puso ante nuestros ojos, de manera que las vimos y las contemplamos, así como los grabados que contenían; y sabemos que es por la gracia de Dios el Padre, y de nuestro Señor Jesucristo, que vimos y testificamos que estas cosas son verdaderas. Y es maravilloso a nuestra vista. Sin embargo, la voz del Señor nos mandó que testificásemos de ello; por tanto, para ser obedientes a los mandatos de Dios, testificamos estas cosas”.

Pero esto no termina aquí. A José Smith también se le ordenó mostrar las planchas de oro a otras ocho personas, a quienes también se les ordenó, así como a los tres testigos, dar testimonio. Estos ocho testigos no vieron al ángel ni escucharon la voz de Dios. Aquí están sus testimonios:

“Conste a todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos, a quienes llegare esta obra, que José Smith, hijo, el traductor de ella, nos ha mostrado las planchas de que se ha hablado, las que tienen la apariencia del oro; y hemos palpado con nuestras manos cuantas hojas el referido Smith ha traducido; y también vimos los grabados que contenían, todo lo cual tiene la apariencia de una obra antigua y de hechura exquisita. Y testificamos esto con palabras solemnes, y que el citado Smith nos ha mostrado las planchas de que hemos hablado, porque las hemos visto y sopesado, y con certeza sabemos que el susodicho Smith las tiene en su poder. Y damos nuestros nombres al mundo en testimonio de lo que hemos visto. Y no mentimos, pues Dios es nuestro testigo” (El Testimonio de Ocho Testigos)”.

Pasaron los años y muchos de los testigos lucharon contra las persecuciones, tentaciones y desafíos financieros. Con el tiempo, los tres testigos y la mitad de los ocho testigos abandonaron la Iglesia. Algunos de los que salieron finalmente regresaron y fueron bautizados nuevamente en la iglesia; otros nunca regresaron. Pero ninguno de estos once testigos negó que hubieran visto las planchas y que José Smith las hubiera traducido mediante el don y el poder de Dios. Incluso aquellos quienes apostataron de la iglesia reiteraron su testimonio más adelante en sus vidas.

No, no tenemos las planchas de oro. Pero el que contemos o no con las planchas no es el punto principal. La religión no es lo mismo que la ciencia. La ciencia requiere evidencia física. La ciencia, tan útil como es, debe tener pruebas tangibles. Sin embargo, cualquier cristiano sabe que la realidad de Dios no se basa en pruebas tangibles, algo que puede tocarse, verse o sentirse. Sé que existe un Dios, pero no lo he oído, visto o tocado con mis sentidos físicos. Así como el Apóstol Pablo dijo: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). La fe en Jesucristo es el primer principio del Evangelio. Ver no es necesariamente creer, en realidad, el Señor dijo, “[B]ienaventurados los que no vieron y creyeron” (Juan 20:29). La ausencia de las planchas de oro es una prueba de nuestra fe.

Bueno, ahora estamos de nuevo donde empezamos: que la veracidad de un profeta puede ser juzgada por sus frutos y no necesariamente se requiere de evidencia física. Del mismo modo que no se necesita del Arca de la Alianza para saber que el Antiguo Testamento es verdadero; y, así como no se necesitan los clavos reales que se clavaron en las manos y pies de Cristo o la lanza romana que le traspasó Su costado para saber que Él murió en la cruz por los pecados del mundo, no necesitamos las planchas de oro para saber que el Libro de Mormón es el segundo testigo de la Santa Biblia de que “Jesús es el Cristo, el Dios Eterno” (Libro de Mormón, Portada).

No he visto las planchas de oro ni sentido los grabados en las mismas; no he visto un ángel o escuchado la voz de Dios diciéndome que la traducción es correcta y que José Smith es un profeta; pero he sentido el poder innegable del Espíritu Santo que me testifica que el Libro de Mormón es en realidad verdadero. Sé que José Smith fue un profeta de Dios, porque los buenos frutos no pueden provenir de un árbol corrupto.

Es mi oración que el buscador sincero de la verdad reciba la fuerza de “esperar por cosas que no se ven, pero que son verdaderas” (Alma 32:21) porque muchas veces en nuestras vidas “no recibís ningún testimonio sino hasta después de la prueba de vuestra fe” (Éter 12:6).

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