¿Un Jesús diferente?: Parte 3
¿Por qué los mormones creen tanto en las obras como en la gracia para la salvación?
La doctrina de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se manifiesta en dos de los Artículos de Fe:
3. Creemos que por la Expiación de Cristo, todo el género humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio.
4. Creemos que los primeros principios y ordenanzas del Evangelio son: primero, Fe en el Señor Jesucristo; segundo, Arrepentimiento; tercero, Bautismo por inmersión para la remisión de los pecados; cuarto, Imposición de manos para comunicar el Don del Espíritu Santo.
Aunque estas creencias están basadas en las enseñanzas del Nuevo Testamento, son frecuentemente cuestionadas por los grupos cristianos que creen que la gracia por sí misma trae la salvación. Lo siguiente se cita en FairLDS.org [3]:
“El libro de Mormón es inequívoco en el tema de la salvación por la gracia de Cristo. Nefi escribió que ‘ninguna carne puede morar en la presencia de Dios, sino por medio de los méritos, y misericordia, y gracia del Santo Mesías, quien da su vida, según la carne, y la vuelve a tomar por el poder del Espíritu, para efectuar la resurrección de los muertos’. Su hermano Jacobo advirtió, ‘recuerda, luego de reconciliarte con Dios, sólo así y por medio de la gracia de Dios es que serás salvado’. El último de los escribanos de Nefi, Moroni, escribió, ‘Sí, venid a Cristo, y perfeccionaos en él, y absteneos de toda impiedad, y si os abstenéis de toda impiedad, y amáis a Dios con toda vuestra alma, mente y fuerza, entonces su gracia os es suficiente, para que por su gracia seáis perfectos en Cristo… entonces sois santificados en Cristo por la gracia de Dios, mediante el derramamiento de la sangre de Cristo’. Moroni, como Nefi antes de él, escribió sobre la importancia de ‘confiar en los méritos de Cristo’.”
“Un famoso misionero nefita, Aarón, registró que ‘en vista de que el hombre había caído, éste no podía merecer nada de sí mismo; mas los padecimientos y muerte de Cristo expían sus pecados mediante la fe y el arrepentimiento, etcétera.’ Esos trabajos, sin la gracia de Cristo, no puede salvarnos, así también lo indican las palabras del abuelo de Aaron, el Rey Benjamin, quien dijo a su pueblo, ‘Digo que si lo sirvieseis [a Dios] con toda vuestra alma, todavía seríais servidores inútiles.’ Sin embargo, mientras que el Libro de Mormón enfatiza que sólo Cristo trae la salvación, como el Nuevo Testamento, también afirma claramente la responsabilidad de los individuos de arrepentirse y acercarse a Cristo, y después perseverar hasta el fin en cumplir con los mandamientos de Dios”.
“Cuando Nefi enseñó que ‘es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos’, él tenía un significado específico en mente para las palabras ‘hacer cuanto podamos’. El hermano de Lamoni, Anti-Nefi-Lehi, describió bien la situación:”
“Y también le doy gracias a mi Dios, sí, a mi gran Dios, porque nos ha concedido que nos arrepintamos de estas cosas…que hemos cometido, y ha depurado nuestros corazones de toda culpa, por los méritos de su Hijo. Pues he aquí, hermanos míos, en vista de que (por ser nosotros los más perdidos de todos los hombres) nos ha costado tanto arrepentirnos de todos nuestros pecados…que hemos cometido, y lograr que Dios los quitara de nuestros corazones, porque a duras penas pudimos arrepentirnos lo suficiente ante Dios para que él quitara nuestra mancha’.
“Así que cuando Nefi hablaba de ‘hacer cuanto podamos’, no se refería a nuestra perfección individual, lo cual es imposible en la mortalidad, sino más bien de reconciliarnos con Cristo a través del ejercicio de nuestra fe hasta el arrepentimiento y entrar a un convenio con Dios a través del bautismo para cumplir sus mandamientos y ser fieles a ese convenio. Cuando no alcanzamos la meta, podemos arrepentirnos. Lo importante es que continuemos en la gracia que Cristo nos ha dado. Mormón también enseñó este principio, diciendo: ‘Y Dios conceda, en su gran plenitud, que los hombres sean llevados al arrepentimiento y las buenas obras, para que les sea restaurada gracia por agracia, según sus obras’”.
El apóstol Pablo es citado a menudo para defender la idea de que no importa lo que hagamos, porque somos totalmente salvados por la gracia. Pero Pablo advirtió a las congregaciones que él enseñó a abandonar sus hábitos pecaminosos; el arrepentimiento requiere trabajo. Pablo le dijo a su pueblo que algunos pecados (si no se arrepienten de ellos) podrían dejarnos fuera de la presencia de Dios. Él enseñó que Cristo es el Salvador de todos los hombres, pero especialmente de aquellos que creen (lo que significa que hay condiciones impuestas en la salvación y exaltación). Dijo que la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación. La epístola a los Hebreos dice que Jesús “vino a ser el autor de eterna salvación para todos los que le obedecen”.
Una gran parte de la Biblia se compone de mandamientos y consejos para cumplir los mandamientos. La obediencia es una gran parte de lo que Dios requiere de nosotros. Santiago dijo que la fe sin obras es muerta. Manifestamos nuestra fe mediante nuestras obras. Y, sin embargo, la doctrina mormona enseña que ninguna cantidad de buenas obras nos puede salvar, porque siempre serán insuficientes de la pureza necesaria para entrar en el reino de Dios. Manifestamos nuestra fe a través de nuestras obras, pero sólo podemos ser salvados a través de la gracia de Cristo.
Durante Su ministerio, Cristo enfatizó las obras y el arrepentimiento. Él advirtió al hombre rico que cumpliera los Diez Mandamientos, diera su riqueza a los pobres, y lo siguiera en Su ministerio. Declaró que “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos (Mateo, 7:21)”, sugiriendo que la confesión de Su nombre, aunque es necesaria, es insuficiente para la salvación.
“Porque me acuerdo de la palabra de Dios, que dice: Por sus obras los conoceréis; porque si sus obras son buenas, ellos también son buenos”. (Moroni 7:5).
Debido a ésta y otras advertencias, los mormones trabajan duro para servir a sus semejantes. No hay clero pagado en la Iglesia Mormona. A excepción de las Autoridades Generales de la Iglesia, que reciben un modesto apoyo por sus esfuerzos de más que tiempo completo, los miembros laicos brindan ayuda en todos los llamamientos y no reciben ninguna remuneración. (Utah es el estado de EE.UU. con la tasa más alta de voluntariado). La Iglesia apoya una extensa labor de ayuda humanitaria en todo el mundo, suministrado a través de donaciones de tiempo y dinero de los miembros de la iglesia. En lo que se refiere a apoyo de desastres, los mormones son generalmente los primeros en llegar y los últimos en salir. Los esfuerzos de apoyo de la Iglesia aún siguen en curso en Indonesia, años después del maremoto devastador. Los misioneros pagan sus propios gastos y sirven durante dos años, a menudo viven en circunstancias difíciles y aprenden lenguas extranjeras. Las parejas jubiladas también brindan ayuda, y muchos sirven en misiones múltiples, incluyendo las misiones de ayuda humanitaria. La Iglesia tiene un sistema de bienestar eficiente, con un énfasis en la educación y trabajo, basado también en los esfuerzos suministrados gratuitamente por los miembros. La Iglesia también proporciona educación para los misioneros retornados desfavorecidos con un Fondo Perpetuo para la Educación.
¿Todos seremos juzgados por José Smith?
En la última cena Jesús dijo a sus apóstoles: “Y vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel”. (Lucas 22: 28-30; ver también Mateo 19:28) La misma indicación se dio a los apóstoles, Jesús los llamó de entre los pueblos del Libro de Mormón, a saber, que iban a participar en juzgar a aquellos a quienes sirven. Por lo tanto, los apóstoles y los profetas tienen un papel en el cielo de participar en el juicio de aquellos entre los que servían. Sin embargo, el juicio pertenece a Dios, y a su mediador, Jesucristo: ningún papel mortal en el juicio anula el papel otorgado a Jesús, como el Libro de Mormón atestigua:
“…el guardián de la puerta es el Santo de Israel; y allí él no emplea ningún sirviente, y no hay otra entrada sino por la puerta; porque él no puede ser engañado, pues su nombre es el Señor Dios.” (2 Nefi 9:41)
Conclusión
Los mormones creen en el Cristo Bíblico, el Creador, el Redentor, nuestro Mediador con Dios Padre. Adoramos a Dios en Su nombre. Su nombre es el único mediante el cual la humanidad puede ser salvada. Nuestra doctrina amplía nuestro entendimiento de Su Majestuosidad y destaca su gran amor por nosotros. Al mismo tiempo, da facultad a los hombres y mujeres de participar de los dones espirituales que Él nos ofrece libremente, y de volver a la doctrina sólida que Él estableció cuando fundó su Iglesia en la tierra y dio su vida para salvarnos.